Tras un silencio sísmico de 271 años, Lima espera un terremoto de gran magnitud en cualquier momento; lejos de estar preparados, un 70% de las edificaciones de la capital son informales y podrían colapsar durante un sismo ¿Qué nos espera?

Muy pocas veces,  tenemos  en cuenta que nuestra zona costera forma parte del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, entre dos placas tectónicas (la Sudamericana y la de Nazca),  que convergen entre sí y que son la causa de los grandes sismos que sacuden nuestro litoral.  Históricamente, el Perú ha sido afectado con la ocurrencia de grandes sismos, que se repiten en el tiempo.

El principal problema no es el riego sísmico con el que convive la ciudad, sino la falta de preparación y prevención en todos los aspectos, ya que  se sigue construyendo en sitios y materiales inadecuados, sin normativas y sin ayuda técnica; obviamente esto causa el desastre no el sismo. La informalidad no solo es un problema  social sino también  cultural. Hay un trabajo que debe hacerse  desde el Estado, no es solo  sacar más leyes, porque ya existen; sino de que la normativa se cumpla. Los municipios  deben fortalecer la fiscalización para prevenir la autoconstrucción y el asentamiento  sobre zonas vulnerables.

Lima ya está construida, hay que trabajar mucho en el tema de los simulacros, en una buena capacitación  y entrenamiento vecinal.  Es importante observar  experiencias de países vecinos. Las cifras de fallecidos y las consecuencias nos dan una   lección sobre la importancia del diseño estructural y el estudio del suelo sobre el cual se  va a  construir,  esenciales  en una región altamente sísmica como la nuestra. Por ejemplo,   en Chile país que tiene muy buena normativa, el sismo en el año 2010, por ejemplo, fue tremendo,  de 8.8 Magnitud  Momento (Mw) (Escala logarítmica   que mide la energía total que se libera en un sismo), pero hubo pocos daños en comparación con el de Haití o  México. El objetivo  que todos queremos es estar preparados ante sismos de gran magnitud.

Hasta muy pronto.