La trascendencia de Acho va más allá de los festejos taurinos; no solo  por formar  parte crucial del paisaje  arquitectónico de Lima sino  también  porque ha sido testigo de algunos acontecimientos  de nuestra historia. Fue en Acho, por ejemplo, donde los limeños  vieron por primera vez elevarse  un globo aerostático;  escenario además  de  memorables   mítines políticos, como el de Manuel Prado o el de Haya de   la Torre  para cerrar su campaña electoral.  Es el principal referente de la tauromaquia  en el Perú.

 

Lima tuvo que esperar hasta el gobierno del virrey Amat para contar con el coso taurino, pues antiguamente las corridas se llevaban a cabo, como en Madrid, en la Plaza Mayor, donde se levantaban palcos y tabladillos temporales.  Fue el empresario Agustín Hipólito de Landaburo quien recibió el permiso del Virrey para construir Acho. La obra adoptó la  forma de polígono  de 15 lados, con un ruedo  de 80 metros de diámetro. Fue inaugurada  el jueves  30 de enero de  1766 con un primer festejo taurino.  Poco después se completó el conjunto monumental que incluía la plaza de toros, el mirador Ingunza y la manzana ubicada frente al río  con un  hermoso ingreso arbolado.  Conocido  como La Alameda de Acho, célebre paseo  llamada Alameda nueva para diferenciarla de la Alameda de  Los Descalzos; se iniciaba donde hoy se ubica  la Municipalidad del Rímac. La Alameda  finalmente desapareció  y  hoy una avenida ocupa su lugar.

 

 

Acho es una joya,  un monumento con una arquitectura impactante. Sus  arquerías, similares a las de la plaza  de  Sevilla,  se conservaron  y restauraron en la remodelación  de 1944 ; año  que se reconstruye  casi la totalidad de la plaza  para aumentar su capacidad de aforo  y realzar su importancia  dentro del circuito taurino internacional.  Los contrafuertes, llamados machones  son de adobe, soportan los tendidos  y por debajo  forman ochavos por donde circula el público. La mayor parte de  estos machones corresponden a la estructura original de la plaza.

Sin embargo; no obstante, de  estar  calificados el Centro histórico  de Lima y  el distrito del Rímac, donde  se encuentra la plaza, como  Patrimonios  Culturales   de Humanidad, las autoridades la tienen abandonada. Acho es una plaza con historia y tradición con más de  un cuarto de siglo sobre sus muros y machones  que contemplan lo que no se hace.  Su imagen decepciona; urge  de un mantenimiento a fondo, mejorar la seguridad de su  entorno, facilitar el acceso vehicular y una lista larga de necesidades. Sabemos que la plaza que contemplamos hoy  no se parece mucho a la que inauguró el  virrey Amat, pues sus tres remodelaciones (1865, 1944 y 1961) son fiel testimonio de su adaptación a la  dinámica de la época. Acho puede tener vida todo el año con diversas actividades culturales ( yo creo y espero que muy pronto se eliminará el calendario taurino).

Hasta muy   pronto.