No hay nada más delicioso después de un agotador  día de trabajo que meterse a la cama para descansar. Y en ese   sentido estamos de acuerdo en que un buen reposo  no se completa   sin  una buena almohada.

Para empezar, la elección dependerá de la sensación que  busques al acostarte. Las almohadas, además de ser decorativas, deben no solo cumplir la función de comodidad  sino también  soportar correctamente el cuello; recuerda  que lo óptimo es que cuello y columna queden de manera alineada. Por ello, es importante que elijas a la que mejor  se adecúe a tus necesidades.

En el mercado encontramos las  típicas hechas de microfibra, compuestas de poliéster siliconado, elemento que evita que, con el paso del tiempo, se deformen; también, se  hallan  las cervicales, para las personas que desean mayor firmeza; sostienen mejor la  zona del cuello, son  un poco más altas y  con pequeños resortes.

Una alternativa con mayor suavidad son las llamadas almohadas de memoria, las  cuales están compuestas por un material elástico que las hace amoldables y se adapta exactamente  a la curvatura del cuello. Las  de plumas nunca son descartados; a mayor cantidad de plumas de pecho su calidad será mejor; además, las de ganso son más finas que las de pato.

Respecto a su mantenimiento,  puedes asearlas en la lavadora, siempre y cuando no contengan    resortes, pues se deteriorarían; tampoco las   pases por la centrífuga,  ya que esto solo   ocasionaría  deformarlas.

Lo mejor es que utilices doble funda para evitar que se ensucien. Si decides  guardarlas, procura que sea en  un lugar seco, o en todo caso  coloca un deshumedecedor,  que ayudará a mantenerlas en buenas condiciones y eliminar la humedad.

Las almohadas también tienen un ciclo de  vida; las de microfibra deben renovarse de preferencia cada año  y las de látex, plumas o material elástico, cada cuatro.

Esta es la almohada que yo utilizo:

 

Hasta muy   pronto.